domingo, 5 de octubre de 2014

Nuevo relato corto

¡Buenas tardes cocteler@s!

Cuando escribí el primer relato corto para el blog, algunos de vosotros me pedisteis que continuara con las historias paralelas a Paola, es decir, que escribiera sobre la historia de Santiago y Maika y también sobre Mariola, y os prometí que aunque no lo había pensado, trabajaría en ello.

Así que ¡Lo prometido es deuda! Aquí tenéis mi propia versión de la historia de Maika y Santiago. Sólo espero que lo disfrutéis, y, si no os gusta, me lo comentéis y me digáis que es lo que esperabais. Quiero mejorar, y qué mejor que mejorar con vosotros. 

El perdón alivia el alma


Tenía todo lo que una persona necesitaba para ser feliz: el trabajo con el que había soñado desde pequeño, salud, un ático totalmente nuevo y la novia perfecta; pero, sin embargo, no conseguía sentirme bien. No era feliz. Algo fallaba en mi envidiable vida; no sabía lo que era, pero algo no iba cómo tenía que ir.

Hacía ya varias semanas que no conseguía conciliar el sueño, y, cuando por fin me quedaba dormido, las pesadillas invadían las noches. Cuando despertaba sobresaltado y empapado en sudor intentaba recordar qué eran esas imágenes que turbaban mis sueños, pero nunca conseguía recordar más que un velo negro, tupido, y el sollozo de una mujer. ¿Qué podía significar eso?

Andaba preocupado y cabizbajo todo el día, y la gente a mi alrededor empezaba a notarlo. Reconozco que tampoco hacía nada por intentar sobreponerme a lo que sentía y simplemente acepté esa nueva sensación de vacío que me inundaba día y noche.

Una noche, al llegar del trabajo, encontré miles de velas encendidas repartidas inteligentemente por toda la habitación con la simple y brillante idea de iluminar a mi novia, Maika, que se encontraba al fondo del salón, envuelta en un conjunto negro vaporoso y muy sexy, los labios pintados de rojo y una sonrisa que iluminaba la habitación por completo.

           Feliz cumpleaños mi amor – me dijo. – Estaba deseando que regresaras a casa. ¿Te gusta tu regalo?

Como no sabía bien como responderle, ya que estaba demasiado ocupado como para haber recordado que era mi cumpleaños siquiera, simplemente esbocé una ligera sonrisa y asentí. Maika me tenía preparado mi plato favorito para la cena: salmón al horno con verduritas mini salteadas. Esa noche, ella consiguió que me evadiera del lastre emocional que últimamente me acompañaba donde quiera que fuese, e hicimos el amor pasionalmente. Pero a la hora de dormir, la noche empezó a asemejarse a las de las últimas semanas. Volvía a despertarme sobresaltado y bañado en sudor. Una vez más, los lamentos de aquella mujer habían hecho mella en mí.

A la mañana siguiente no pude aguantarlo más y le conté a Maika lo que me preocupaba. Me sorprendió saber que ella también estaba teniendo unos días complicados, y que esa misma pesadilla que turbaba mis sueños, también invadía sus noches. Esto empezó a resultarme extraño. ¿Qué era lo que nos ocurría?

Decidimos que la mejor solución era pedir una excedencia en el trabajo e irnos de vacaciones. Quizás sólo era el estrés y la rutina lo que hacía que nos sintiéramos así. Menorca fue el destino que elegimos. Nunca habíamos podido irnos de vacaciones antes, cuando no era por el trabajo de Maika, era por el mío, así que decidimos dedicarnos unos días de tranquilidad en pareja. Paseamos por las playas, acudimos a cenas y eventos en el hotel, disfrutamos de los paisajes y las comidas, bailamos hasta no poder más, hacíamos el amor en el jacuzzi de la habitación en cada ocasión que teníamos y reímos mucho.

Pero días después, tumbados al sol de las cálidas playas de Menorca, nos dimos cuenta que lo que de verdad nos preocupaba, el mayor motivo por el que nos habíamos ido de vacaciones seguía sin desaparecer. Decidimos acudir a un psicólogo para que nos ayudara a solucionar aquello que nos impedía dormir por las noches. Le contamos nuestras preocupaciones, la pesadilla que ambos compartíamos, y nos comentó que teníamos que echar la vista atrás, que nuestros problemas venían por algún incidente de nuestro pasado, así que empezamos a hacer retrospectiva.


Como todas las parejas, Maika y yo teníamos nuestros más y nuestros menos, pero siempre nos habíamos respetado. Desde el momento en que la conocí, en el instituto, había algo en ella que me encandilaba. Bien es cierto que durante años no nos llevamos especialmente bien, ambos pugnábamos por la atención de Paola; ella era su mejor amiga, la que nos presentó, y yo, bueno, Paola y yo fuimos pareja hasta el momento en que nos descubrió a Maika y a mí en la cama que ella misma había elegido para nuestro nidito de amor. Sí, lo sé, lo que le hice a Paola no estuvo bien, yo la quería, os lo prometo, pero Maika tenía algo que me volvía loco, y cuando estábamos juntos no podíamos controlarlo.

Hacía unos meses que Maika y yo habíamos decidido empezar una historia, y claro que queríamos contárselo a Paola, ella nos importaba a ambos, sólo queríamos encontrar las palabras adecuadas para no herir sus sentimientos; pero no llegamos a necesitarlas, jugábamos con fuego y Paola nos pilló antes de poder darle alguna explicación.


¡Claro, era eso! ¡Tenía que ser eso! Con nuestra relación le habíamos hecho daño a una de las personas más importantes que ambos teníamos en nuestra vida, una persona excepcional a la que por dar rienda suelta a lo que sentíamos, habíamos perdido irremediablemente. Teníamos que encontrar a Paola y darle la explicación que no pudimos darle en su día. Debíamos arreglar lo que habíamos estropeado. Nuestra consciencia estaba gritándonos lo que teníamos que hacer para dormir tranquilos: pedirle perdón a Paola.
Fue una ardua tarea la de encontrarla. No sólo se había mudado de casa, sino que también lo había hecho de ciudad. Gracias a un amigo que teníamos en común descubrimos que hacía unos meses se había casado y que tenía una hermosa hija llamada Mariola. Había rehecho su vida y era dichosa.  Saber eso nos hacía mucho bien tanto a Maika como a mí.

Carlos, el amigo que nos había dicho dónde estaba Paola, consiguió que ésta accediera a vernos. Tengo que reconocer que fue todo un poco extraño al principio. Paola no había cambiado, seguía siendo la mujer atractiva y hermosa con la que había compartido tantos años, y su mirada continuaba siendo pura, como su sonrisa. No nos guardaba rencor. Había conseguido perdonarnos con el tiempo, aún incluso sin que nosotros hubiéramos pedido disculpas por el daño que le hicimos. Nos contó cómo había conocido a Julio, su marido, y cómo al nacer Mariola se dio cuenta de lo maravillosa y perfecta que era la vida para seguir albergando el rencor en su corazón. La velada de aquella noche fue especial, una limpieza de alma para los tres. Compartimos experiencias, alegrías y lamentos. Pedimos perdón y ella nos aceptó con los brazos abiertos. Seguía siendo el corazón amable que había conocido años atrás en el instituto.


Desde aquella noche en casa de Paola, Maika y yo éramos más felices que nunca, aún a pesar de lo mal que lo habíamos hecho y del tiempo que había pasado, habíamos recuperado a una persona que siempre había sido importante para nosotros. Tras esa, vinieron muchas más reuniones en su casa, con ella, con su marido, nuestros amigos de la infancia… y con Mariola, esa dulce niña que tenía exactamente la misma mirada pura que su madre. Desde el momento en que Paola puso a la pequeña en mis brazos, supe que Mariola haría grandes cosas en el mundo gracias a su bondad. 


------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Y por cierto, me haríais un favor enorme si compartierais esta historia con vuestros amigos a partir de los botones de compartir que encontrareis debajo de la historia.

Millones de besos y agradecimientos por haber dedicado un poquito de vuestro tiempo a leerme e interesaros por lo que hago.

Tativia :)

2 comentarios :

  1. Y descubrieron que Mariola era hija de Dios

    ResponderEliminar
  2. Sin ofender... Es lo más plasta y cursi que he leído en mi vida. Ni que fuese una telenovela sudamericana. Te recomendaría escribir algo para adultos. Pero no es nada, a fuerza de errores se aprende. Ánimo, estamos contigo Tativia!

    ResponderEliminar

Blogging tips